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CHOCOLATENEGRO

El 1er Día

El 1er Día

                                                                 “Después de mí la tempestad” WS

 Naufragan los baúles y sus tesoros escondidos

En el mismo mar azul que los trajo hasta mí.

Las bocas cicatrices han sellado en el olvido

Aquello que el mutismo secuestró para sí.

 

Las calles amputadas todavía sangrantes

Son morada de convalecientes y derrotados,

Que siguen alimentando con moribundas quejas

El anciano dolor de lo que está por venir.

 

La peste de la victoria ajena ha venido a corroernos,

Victoria de los conquistadores.

Que sigan pensando que han ganado.

Que sigan pesando que somos indefensos perdedores.

 

Abandonen de sus gargantas los cuchillos de plata

Alejen de sus sienes las pólvoras soledades

Arranquen de sus pies las desgastadas plantas

Y dibujemos con el alma las nuevas pisadas.

 

 

Disparen a quemarropa a mi cerebro

Que mis ideas quedarán intactas.

 

Trocen en mil pedazos mi corazón,

Si es que aún sigue con vida.

 

En los ojos llorosos de los que aún caminamos

Cabalga libertino un sueño tuyo y mío.

 

Dejen que sobreviva la esperanza,

Lo demás pueden seguir mutilándolo.  

 

FM 15-01-2013

 

La hora del manatí

He pasado hoy frente a una iglesia. Sus ostentosos adornos dorados hacen juego con el eco misterioso que viaja por las naves, chocando de un lado a otro hasta desvanecerse. Entré como un mendigo buscando refugio. Dicen que es la casa de Dios: hoy cuando fui a solicitarle ayuda, creo  haberlo encontrado en medio de una siesta. Quizá haya salido al mercado o probablemente estaría conduciendo su carro alado, de gas natural,  por  algún rincón del universo.

Me arrodillé, por imitación a otros, en uno de esos bancos de madera que por ser tan largos, pudiese uno caber con todo y pecados. Ahí me quedé mirando las paredes, por un tiempo irreal y pensé casi seguro: que fino sería ser santo de una iglesia.

Luego de una larga conversación entre mi ateismo y aquella ociosa sensación de creer en algo, comencé a orar.

-Dios, he caminado tanto para llegar aquí y cuando, agotado, vengo a encontrarte, me tropiezo con este teatro de manteles en el cuello y velas encendidas en plena luz del día. Honestamente, he venido preocupado por la gente, por las cosas.

Cuando miro de vez en vez a mi alrededor descubro, con tenor asombro, que la gente se está yendo mucho de vacaciones. Hoteles, comidas, aviones surcando nubes, boletos, sillas reclinables, despedidas y bienvenidas.

Pero lo que más me preocupa señor Dios es que los viajeros pierden pronto la memoria. Algo debe estar pasando con los transportes o con los aires extranjeros, pues cuando la tierra que los vio nacer, le pide que vuelvan, ellos, los viajeros, se les olvida regresar.

 

Desde que ella decidió marcharse

todos se están yendo.

Pasos adelantes

Y paso atrás.

 

Cosas a veces en sus cajas llevan

Y en otras, ellos son las cosas.

Las plazas van quedando solas

Como un cementerio de silencios pues.

 

Uno camina por las aceras

Sin alguien con quien tropezar.

La música suena, suena, suena

Y hay nadie con quien bailar.

 

Desde que ella se fue

La gente también se está yendo,

Como ovejas…

Menos yo.

 Al mirarte desde la cruz entonces, sin una respuesta concreta, levanté las rodillas, caminé sin asombros hasta la puerta de tu casa, de tu encierro, de tu templo. Adiviné luego, sonriente en medio de la calle, que ese hogar tuyo no es tal… que donde quieras que estés tú y donde quiera que esté ella: ese sitio si es nuestro. Sólo que yo estoy en un cuarto distinto.

 Félix Mora 26/03/2009

Miranda Lucía

Miranda Lucía

Miranda Lucía es una afable señora que en ciertos momentos del día se le ve recorrer, con tongoneo gastado, el muelle de pueblo paraíso. Una pañoleta de un fucsia algo incómodo a primera vista, guarda el cabello corto, ensortijado y cano de los fuertes rayos de la costa.

Pequeña de estatura y sonrisa prominente, Miranda Lucía era una de esas soledades tan profundas que de sólo mirarla por segundos a los ojos despertaba en cualquiera una cierta sensación de melancolía.

Las viejas amargadas dicen que vagar medio loca por las calles de Pueblo Paraíso es el mayor castigo que una mujer de su edad puede tener. Cuentan que en sus tiempos mozos Miranda Lucía llego al lugar con un grupo de adinerados turistas y que tanta tranquilidad percibió de pueblo Paraíso que decidió quedarse, con belleza y todo, a montar un local cerca de la iglesia: Tasca Las Trinitarias.

Al principio la idea sonó maravillosa a los pobladores, las mañanas de cada fin de semana eran una oportunidad única para ir a Las Trinitarias, tomar sopa en familia o jugar dominó con los compadres. Las tardes un poco más desabridas anunciaban a santamaría abajo que un mundo más reservado estaba por tomar vida.

En las noches, cuando la montaña de Selva Cangrejo muestra huérfanas luces en la lejanía y los habladores del pueblo aseguran que son los ojos de la montaña, pasaba en Las Trinitarias algo poco usual. Una mujer, que todos suponían era Miranda Lucía, rompía el magistral silencio del pueblo con unos alaridos de placer. Las madres comedidas de Paraíso tapaban desesperadas los oídos de sus crías, mientras sus esposos fingían también algo de pudor.

Desde aquella noche y todas las noches siguientes alguien distinto salía por la parte de atrás de Las Trinitarias, al acabar los gemidos. Pronto se regó el rumor por todo el pueblo de que Miranda Lucía era una promotora nocturna de las artes sexuales y que sin importar la edad del cliente ofrecía a novatos o experimentados un sorbo placentero de su carne.

Testigos de aquellos encuentros que por prudencia decían haber oído de boca de otros, contaban que en la rubia melena de Miranda Lucía reposaban peinetas de joyas variadas, mientras su cuerpo blanco, como la espuma de la ola, escondía un tatuaje a la altura de la cadera que la bata de seda rosada dejaba ver de vez en vez, antes de apagarse la luz.

Aquella inscripción en su piel despertó las lenguas ocultas de los rumores y un nuevo reto se despertó entre los asiduos a Las Trinitarias: descubrir que decía el tatuaje.

Una tarde, los eventuales gemidos de Miranda se convirtieron en gritos de auxilio. Juan Quibao, un lanchero de pueblo Paraíso con fama de mujeriego y jugador, intentó encender la luz para leer de la piel blanca de Miranda lo que tanto escondía en la oscuridad. Aquella mujer saltó de la cama como acto reflejo y tapándose con ambas manos el escrito de su cintura salió corriendo despavorida de Las Trinitarias, pasó frente a la iglesia y una vez percatada de su pánico se detuvo llorosa en medio de la plaza.

La gente que por ahí pasaba la rodearon con desprecio y por primera vez luego de mucho tiempo, Miranda Lucía divisó en su interior algo inusual: La Vergüenza.

Nadie ofreció ropa alguna para su retorno y el camino que una vez recorrió a toda velocidad era el mismo que ahora la regresaba hasta tu desolado cuarto. Desde entonces adentro y fuera de Las Trinitarias el silencio se hizo muerte, dolores de recuerdos viejos que sepultaron para siempre el gemir de vida de Miranda.   

 

Qué celo guarda tu cintura

Que nadie puede entender,

Ni tus ojos, ni tu blancura,

Ni la causa pena de tu desnudez.

 

La ola furiosa te da silencio

Y deja algo de sal en tu mirada.

El viento persigue tus talones

Y borra triste las  pisadas.

 

Ahora anciana vagas calle a calle

Repartiendo tristezas.

Cerca del muelle te han visto con las dos manos,

Vestida… mirando al mar: por si él regresa.

 Félix Mora 06/07/2010

QUIMERAS DEL NAVEGANTE

QUIMERAS DEL NAVEGANTE

“A mi hermano y amigo Andrés Eloy,

que a diario alza su vela blanca y

se enrumba hacia un mar desconocido

del cual él ya se ha inventado un mapa”.

 

Si un día decides marcharte sin un hasta pronto,

Y si un día me voy sin abrazarte,

Si se cayera el cielo nube por nube

Y el mar comenzara  a secarse,

Quisiera desde otro mundo o quizás

Desde otro planeta distinto,

Volver a conocerte…

 

Inventarnos una nueva historia

En la puedas convencerme de nuevo de tus locuras,

En la que pueda yo disfrutar de tus experimentos,

En la que sea yo la víctima de las torturas,

En la que seas tú el verdugo feliz

Que goza con mis caras de auxilio y miedo.

 

Y si un día decides marcharte sin un hasta pronto,

Y si un día me voy sin abrazarte,

No permitas que la tristeza te corroa el alma,

Ni que las lágrimas puedan ahogarte.

 

Y si un día decides marcharte sin un hasta pronto,

Y si un día me voy sin abrazarte,

Miraré todo lo que me quede de vida hacia el cielo,

Para ver si en un intento de desespero

De poder encontrarte,

Bajes en una estrella fugaz

Y me digas “tranquilo, nos volveremos a ver”

Y yo alegre podré, por ultima vez,

posar mis manos en tu espalda, sentir que aún estas vivo en mí, “como un abrazo del sol a la luna: grande, inmenso, hermoso y distante”.

 

Y si un día decides marcharte sin un hasta pronto,

Y si un día me voy sin abrazarte,

Cierra los ojos…respira

Y a tu lado podrás encontrarme.

 

Y si un día decides marcharte sin un hasta pronto,

Y si un día me voy sin abrazarte,

Gira bruscamente el timón

Y no dejes, por favor,  que la realidad te alcance.

 

Félix Mora 04/10/2005

LUNA DE SELVA

LUNA DE SELVA

Voy naciendo en todas partes, en los rincones olvidados.

Al verme, gritándole a la vida, cantándole,

guardas silencio y en tu cobija mirada

tu dolor y mi dolor son uno solo.

 

Oído con pecho,

Alma con alma.

Calman mi llanto

Tus lágrimas

 

Al sentirme tan incierto

Tu silencio fortaleza

Y tu beso escapulario

van haciendo caminos.

 

Brújula matriz que desafías todas las tormentas

Eres infinita como la misma patria.

En cada era, en cada lugar y tiempo

Tú y yo nacemos juntos, una y otra vez, madre.

 

FM 28-12-2012

CARTA BLANCA A MI MADRE

CARTA BLANCA A MI MADRE

Voy descalzo, besando mis plantas con la tierra negra. Y el viento jubiloso me pega del pecho y una ráfaga de luz cierra mis ojos.

 

Sentí jamás una libertad tan pura.

Sin embargo al verte,

Como dormida entre el dolor,

Cualquier destello de felicidad desaparece en mí.

 

Ahí junto a tu cabello nunca cano

Veo como pilar al cómplice mayor de mi existencia,

Al más noble camarada que niño alguno quiso tener:

Tu ángel: mi hermano.

 

Madre cuando me vaya

Dame un beso en la frente

Y viste mi cuerpo con una sábana blanca.

Descansa en mi cama como naciendo,

Y ahí, deja que mis dedos ásperos

Toquen tu cara…

 

Madre cuando me vaya

Abre todas las puertas,

Ve hasta el patio y mira, celosa, al cielo.

Ahí surcando una nube dejaré para ti, una franja de colores,

Madre, para que no vistas de negro.

 

Abrázala a ella hecha mujer,

Abrázalo a él hecho maduro.

Mamá abraza a mi otra madre

Y a mis otros hermanos.

 

Deja que la poesía corra

En boca de dolidos,

Y que el chocolate fluya

Como el cauce vivo del río.

 

Madre cuando me paseen por las calles de mi pueblo,

Quédate en casa conmigo

Y deja a los que creen que estoy en la caja

El sol, la pena, la ausencia y el olvido.

 

Mamá cuando tengas que llamar a muy lejos

Para anunciar mi retirada…

Di que la amo y que finalmente nuestras distancias

Se hacen ahora más cercanas.

 

Madre cuando el tiempo te ponga triste

No llores…

Lee cualquier cosa mía tirada en cualquier parte

Y ahí, sabrás encontrarme.

 

Ahí en la mofada

Ahí con aquel dulce

Ahí cuando cierres los ojos…

Ahí, no me habré ido del todo.

 

Cuando los tulipanes tintos

Comiencen a rozar mis manos.

Cuando siga caminando desnudo

Por aquel sendero largo.

 

En cada alegría huérfana

Y no en cada recuerdo lejano

Estaré sonriendo madre.

Sonriendo siempre a tu lado.

 

Voy descalzo, besando mis plantas con la tierra negra. Y el viento jubiloso me pega del pecho y una ráfaga de luz cierra mis ojos.

 

 

Félix Mora 16/01/2009

QUÉDATE

QUÉDATE

 

 

 

 

 

 

 

Me voy con la mañana triste

Inventando el rastro de tus pasos

Y la sonrisa que, ayer, en mí viste

Hoy, sin remedio, se cae a pedazos

 

Voy derrotado desde mi escondite

A la luz que se dibuja afuera.

Voy a ningún lado persiguiendo tu recuerdo

Y tu recuerdo me lleva por cualquier vereda.

 

En tu reloj de oro reposan

el tiempo de tus seres amados.

De tu hermana, de tu hija, de tu esposa

Menos el de éste amante desolado.

 

Sello en la frente que te quiero.

Escribo te amo  al oído.

Y detrás de la sombra de tu amor verdadero

Te espero con ansias y sin hacer ruido.

 

No hay palabra mía que haga quedarte

Una clandestina noche a mi lado.

Entonces borracho de tanto extrañarte

Hasta la rabia también me ha llorado.

 

Mis dedos gritando tu nombre

de tu piel ha quedado desprovistos.

Un hombre que ama a otro hombre

Un hombre completo y otro casi extinto.

 

Voy con la mañana triste y el sol radiante

Cerrando los ojos y adivinándote al andar.

Un hombre que ama a otro hombre,

Un hombre complemento cansado de llorar.

 

JF (FM) 12-10-2011

LA ASCENDENCIA

LA ASCENDENCIA

 

“a mi hermano Víctor por enseñarme de la muerte”

 

Silban los apamates al paso. Gruñen la hojas viejas que caídas parecen piel de tierra y un surco va dejando el rastro triste del recorrido. Mil tambores suenan desde los árboles niño y el vuelo desalmado de los buitres va escoltando el gigante cajón de madera, que la población construyó para trasladarme.

Yo que sólo tengo energía para comunicarme conmigo, en un último suspiro, logro sentir como a los lejos los capullos abren para verse con el sol, escucho el afán nervioso de las abejas, el rugir de la tierra negra en el surgimiento de la nueva vida.

Todo el pequeño pueblo se ha armado de fuerza para llevarme a la colina, donde la montaña besa blanca al cielo y el viento como brazo de las alturas, acaricia todo a su paso. En ese punto del espacio, los yhinco lanzan al vacío los cuerpos que según su cultura: trascienden de plano. Tienen la idea de que a medida de que el cuerpo va cayendo la madre naturaleza va disolviendo cada parte antes de llegar al suelo y no sufre contusión alguna.  

Más de doce horas han pasado desde que inicié mi recorrido final, en medio de aquel dolor que por ser extenso enmudece inclusive a quienes no lo sienten.

Se hace tarde y el sol en Selva Cangrejo comienza a ocultarse. Las sabias Yhinco van gritando oraciones en el recorrido, mientras los niños depositan en el surco triste de la caja, semillas de mango y aguacate.

En una mirada: el cielo con ojos naranjas me da una última chispa de energía para escribir. Mi mente, libro de páginas siempre blancas y prestas, de capítulos perdidos, de finales encontrados, de huérfanos amores y momentos solitarios… mi mente puerta hacia lo desconocido está ahí dispuesta a grabar en un instante cualquier intención mía de registro. Escribo entonces:

Los fantasmas que me persiguen

y los amores que aún me están buscando,

aquello maravilloso del futuro que me espera,

eso que me anhela y no ha llegado

 

A quienes en intención de llorarme

limpian con olvido todo rastro,

a quienes pretenden inventarme

para no sentir que me han perdido

 

Me marcho…

 

 

Ahora luego de tantos años

Pese a los innumerables ruidos,

La esperanza de nuevos sonidos

Comienza a inquietarme.

 

La posibilidad es macabra

Cuando no se conoce el paradero,

Cuando la angustia se hace amplia,

Cuando avanzo estando ciego.

 

Los yhinco, hacen sus últimos esfuerzos por lanzarme al vacío y lo logran… tiempo de escribir entonces un último verso.

 

Un hilo de paz atraviesa mis manos

las nubes tejen almohadones.

Me acompaña el canto feliz del mundo

En la garganta de los tambores.

 

 

Félix Mora 14/04/2010

Al hombre de mi vida

Me despierto y un haz de luz se dibuja entre el polvo desde el techo hasta el suelo. Las ramas de granada golpean la ventana para levantarnos. Ahí estás tú, callado, con tu pelo rapado, y los ojos medio abiertos esperando que yo reaccione.

Tus números, tus letras temblorosas adornan cada rincón del cuarto y sobre el escaparate aquel, en primera plana, mi número de cédula.

Tu magia me envuelve pese al tiempo. Hace años dejaste de ser lágrima y te convertiste en sonrisa, en luz, y alegría en mi alma de niño.

Hoy querido abuelo “camorrero” he despertado junto a ti, una vez más, pensando que todo es posible. Adivina qué… soy más fuerte y poderoso que Los Sapos Comelones, he dejado de tener miedo y finalmente he hecho las paces conmigo…

Te recordaría y extrañaría, pero esas cosas sólo se hacen con quienes se olvida y tú emperador de quimeras,  sigues eterno en mí… ¡recuerda que en tu bicicleta infinita yo voy de parrillero!

 

FM 19-12-2012

CantaHoy

A María Uribe la de “Los Otros”

 

Por mucho que uno quiera adelantarse a lo que está por venir, hay que esperar a que las cosas pasen para poder reaccionar a ellas con pulcritud, con auténtica fuerza. Así los consejos se convierten en un vago referente. Aquella alegría de ser madre, aquel dolor al parir, aquel miedo cuando alguno regresaba tarde o cuando alguien amado se marcha, no son ni la mitad de lo que imaginé.

Yo soy casada. Lo digo con cierto temple en la voz, porque vivo en un país de mujeres solas, de aguerridas madres solteras, y tener 40 años compartiendo mi vida sentimental con un hombre, me hace diferente a las demás. Aunque luego de que otras me conocen, se dan cuenta de que hay tanto en común. Somos la misma mujer en diferentes versiones: varias y una sola.

Cuando lo conocí, tenía yo la mente demasiado fresca, 16 años y él 40. Las diferencias entre edades estaban dejando de ser un pecado capital entre las parejas. “Ese puede ser tu padre” “se casó con él por la plata” y otras tantas pendejadas más tuve que calármelas de la gente que conocía. Él lejos estaba de ser un millonario de la empresa petrolera, ladrón de cuello blanco o de padres ricos. En cambio yo, era y soy el toque de sabor afrodescendiente de su vida.

Al principio me esmeraba por encontrar en la naturaleza algo que me dejara el pelo como las mujeres esas que veíamos en los anuncios de prensa, quería lucir sofisticada y elegante. Pero cuando una se encuentra con “el pollo del arroz con pollo” de la vida, como decía una tía mía, se da cuenta que hay cosas mucho más trascendentales e interesantes a las que prestarle atención: cuatro muchachos en edad escolar y una familia que proteger, por ejemplo.

Un encuentro de dos mundos, sus genes europeos deben haberse perdido en las caderas de algunos de mis cromosomas dominantes, porque los dos varones y las dos hembras salieron con tanta melanina en la piel que ni alisándose los pelos, pitándoselos o colocándose lentes de contacto podrían reprimir, como no los ha enseñado la historia, nuestra conexión con el África.

“Mis negritos y negritas”, les decía él cuando estaba de buenas, cuando no llegaba exhausto del trabajo a dormir solo unas horas para irse de nuevo a trabajar.

Debo confesar, a las parejas más jóvenes, que eso del enamoramiento y las mariposas en el estómago es hermoso, pero dura poquitiiico. El amor existe, claro que sí, y no en los cielos saltando sobre las nubes de algodón. Existe aquí, pisando tierra, llorando en ocasiones, adaptándose, cediendo, transformando y a veces con un poco de resignación.  

De niña observaba con detalle a los loritos cara sucia que papá atrapaba para nosotros. Era curioso que seres tan alegres y con tanta libertad, se amaran con tal profundidad. Una vez la hembra murió, con moquillo o algo así, y a los días también lo hizo su compañero, papá decía que se fue porque no soportó la tristeza, la soledad, ¡que loco!.

Así es el amor para mí, algo más que flores, canciones bonitas, regalos y tarjetas con poemas. Es saber que pase lo que pase cuenta uno con el otro, que el silencio es a veces la mejor salida y que indiscutiblemente cuando pasen 40 años, o más, aquellos músculos, la piel tersa y suave, las teticas bonitas y el sexo fogoso 3 veces por semana, van a ir cambiando.

Pobre de aquellas y aquellos que apostaron a las apariencias y no se percataron del sentido del humor, de los temas de conversación o de si había algo más detrás de aquel carro de moda, de aquel perfume caro o aquel vestido de marca.

Tengo más tiempo parándome a las 4:30 de la mañana que el que llevo casada. Es un hábito que se petrificó tanto en mi sistema nervioso, que se me es imposible levantarme más tarde, por muy cansada que esté. Me cepillo, me pongo una bata de andar en casa y me recojo el pelo con la primera cola que encuentre. A veces me miro con detalle al espejo y creo que sigo igualita, como si hubiese nacido así, arrugada. No me percaté del día o la fecha en la que mi longevidad se fue junto a la espuma del lavaplatos. Simplemente ocurrió y me doy cuenta cuando veo alguna foto mal parada. Por lo demás todo sigue igual, porque total no envejezco yo sola, todos lo hacemos al mismo tiempo.   

Yo a él lo sigo viendo tal como si lo hubiese conocido ayer. Pero de hace un tiempo para acá me di cuenta que algo estaba cambiando, “por supuesto Zoraida, no es igual tener 40 que 80” me dije convenciéndome de lo que parece ser obvio.

Fue aquella noche, cuando antes de dormir tomó todas las almohadas de la cama, unos cojines de la sala y los colocó en el piso.

-¿Ángel pa qué son todos esos peretos ahí?. Se van a ensuciar las fundas- le dije.

-Es que anoche soñé que me caía, y es mejor estar prevenidos- contestó sereno.

Eso me dejó pensativa. Dos noches después, no sé si para probar su poder premonitorio, escuché espororón  en la madrugada y era él con su sueño hecho realidad. Estaba de largo a largo en el suelo, en caída libre, y sin pegar la cabeza de la mesita de noche, que susto. Desde esa vez comencé a ayudarlo a colocar las almohadas, hasta que se hizo oficio mío antes de dormir.

El desayuno puntual a las 6:00 am en la cama, su arepa con queso y algún jugo de lechoza para ayudar al movimiento intestinal. Ni pasta larga ni arroz muy suelto, porque eso se le pega en la garganta y le cuesta trabajo tragarlo. A veces, cuando lo noto intranquilo invento alguna tarea sencilla para distraerlo, hablo de cualquier cosa para entablar conversación y así hacerlo sentir útil.

Pelea con los políticos de turno mientras ve sus declaraciones en la televisión. Termina exaltado y con el corazón como un tambor. Él parece tener las ideas que a los jugadores de fútbol y béisbol no se les cruza por la mente. Todos los días esas batallas terminan igual, con el aparato apagado y él en el patio cogiendo aire.

Comencé así a darme cuenta qué había hecho el tiempo con el hombre que conocí. Su cabello cano y sus manos a veces temblorosas, también tenían un mensaje para mí. No pudo haberse puesto viejo él sólo, ¿o sí?.

Armada de valor, una tarde mientras los muchachos estaban en el trabajo y él estaba en el cuarto. Me fui al baño, me quité la bata, la cola del cabello y me quedé desnuda en pelotas delante del espejo: parecía una escultura de papel crepé. ¡Santo Dios!

Tenía manchas por todos lados, canas también. Acerqué mi cara para detallarme mejor y me vi chiquiticos los ojos, brillosos, tristes quizás.

Tomé valor, me fui así hasta el cuarto donde estaba él.

-¿Ángel, tú me ves vieja? Pregunté seria.

Él en cambio no pudo contener la risa, respiró y contestó alegre.

-No más que yo.

Acto seguido se desnudó también y nos metimos en la cama muertos de la risa. Nada se dilató, nada entró o salió y como desde hace un buen tiempo, bajo esas sábanas nada estaba erecto… pero hicimos el amor, como nunca lo habíamos hecho. Dos ciruelas abrazadas, llorando como un par de carajitos.

Lo miré tan profundo a los ojos que me vi joven, de 16. Él seguramente se encontraría  en los míos, hermoso, de 40.

Hace una semana, antes de servir el almuerzo, escuché un ruido, y la voz de Ángel llamándome desde el cuarto. Respiraba entrecortado, como si le costara. Mantuve la calma, llamé a unos vecinos y avisé por teléfono a mi hijo mayor… no venció… mi catire frasco e leche se fue.

No me hallo haciendo algo, me levanto en la madrugada y me siento en la cama a llorar calladita, para que los muchachos no me escuchen. Me tiemblan las manos cuando cocino y paso la mayor parte del día viendo hacia el patio, como buscándolo.

Arrastro los pies por el zaguán de la casa y me cuesta un mundo verle la cara a mis hijos, porque ahí lo encuentro. Nunca me había percatado lo idénticos que son a él.

Tomo café a las 4:30, me siento en una silleta de mimbre y veo el amanecer. Abrazo a mis nietos y espero que el tiempo haga de las suyas… un día, escucharé su trino y estaremos por ahí de rama en rama… como el amor de pajaritos.

 

 Jenaro Franco (FM)

EL BAILE

Cruzan en bandadas, interminables, las cacaítas de la tarde. Sombras desesperadas que motean todo a su paso. Cierro los ojos al caminar para dejarme llevar por ellas.

Desde más allá de donde mi mirada alcanza, de donde quizá nunca llegaré a pie, por muy borracho o dormido que esté. Desde el mismo lugar en el que se pierden, de ahí regresan. Millones de ellas regresan y una parte de lo olvidado retorna a nuestras cabezas a toda velocidad, en caída libre y sin el protocolo torturador del recuerdo.

Me detengo. Las reconozco ahora, una a una. Estaban ayer, en esas mismas posiciones, coreografiando algún instante perdido en la memoria, presagiando entre el naranja, dividiendo en el aire algún huérfano lamento… acompañando la mirada de quienes, como yo, están perdidos.

Solté lo que todavía me ataba. Subí a aquel árbol moribundo de tamarindo. Desde la frágil copa tomé un puñado de cacaítas y llegué a ese extraño lugar del que una vez salí.

 

Jenaro Franco (FM)  06-09-2012

Un Minuto Más

Acelerado y silencioso,
De paso firme.
Siempre temprano y tarde.

Tronco que se vuelve tierra
Vida que se vuelve polvo

Y con los dìas: una locura.
Una locura compañera que deja pasar el dolor, la soledad y el olvido.

Alguien se ha ido? No lo sé
Son  como sombras por la cortina que vienen y van.
Desde hace un buen tiempo dejé de almacenar recuerdos.

Locura que me vuelve feliz, eso creo... Me pierdo y me encuentro al fin... En silencio y con los ojos inquietos, la boca semiabierta y el corazón contento.

Que hermosa!, eso creo, esta locura que siento.

 

FM

A propósito de la película venezolana AZUL Y NO TAN ROSA

Antes no lo había notado, que pena. Pero me he percatado, espero no tarde, de que el miedo sigue siendo nuestra herramienta de defensa hacia todo aquello que somos realmente. Miedo a expresarnos, miedo a ser aislados, miedo a reconocernos. Mal gastamos años hermosos de nuestra vida intentando “descubrir” quiénes somos, como si ya no lo supiéramos. En mi teoría lo que sucede es que nos empeñamos mucho en ser algo distinto, no tan incómodo, no tan gordo, no tan moreno, no tan feo, no tan negro, no tan bajo, no tan homosexual, no tan silente.

El miedo es una casa confortable de negaciones. ¿Si uno calla mucho algo se le olvida al corazón o a la mente? ¿Un amor, un dolor, una tristeza si se oculta desaparece?. Con el paso del tiempo nos preguntamos qué hubiese pasado si… y guardamos silencio para ocultarnos las respuestas que ya conocemos. Miedo no sólo a lo diferente, a lo distinto o a lo diverso… miedo de no querer saber quién soy, miedo a darnos una buena cachetada un día y escaparnos de la cómoda vida que creamos para que nada nos tocara. Lejanos de lo que nos adversa no encontraremos nunca el verdadero aprendizaje. Hoy amo sin miedo, beso a una jirafa en medio de la plaza y si me da la gana salgo tan desnudo a la calle que lo único que llevo puesto es ropa. Hoy estoy orgulloso de quién soy y reconociéndote tan excepcional te invito a ver, sentir y saber quién eres.

 

FM

SOY YO Y TAMBIÉN TÚ

No hay silencio q mi letra no rompa

ni tristeza q mi palabra no desahogue

ni quietud q mi verbo no interrumpa

ni sueño q mis dedos no toquen.

 

No hay altura en la que tiemblen mis frases

O lugar en el que mi protesta no estorbe.

No existe dominio que a mis ideas cercene

Ni miedo brutal que a mi voluntad arrope.

 

Soy fuerza y amor en cada puño

Soy experiencia que aprende en cada paso

Soy grito que habita la boca de todos

Soy caricia y cariño en todos los brazos.

 

No hay oscuridad que mi fe no disipe

No hay beso escondido que mis labios no roben

No hay oferta que a mi voluntad incite

A declinar mientras mis pies corren.

 

Nací del viento y estoy en todas partes

Nací de la tierra y estoy en todos lados

Soy espada y escudo de quienes luchan

Aliento, espada, escudo de quienes luchan y están cansados.

 

Estoy vivo en el ideal del combatiente muerto

En la insepultable pesadilla de quienes me han enfrentado

Soy esperanza en aquellas que esperan

Soy recuerdo eterno de quienes han olvidado.

 

Soy mormullo delator de eso que ocultas

Y la noble lágrima de quienes has castigado.

Soy lágrima también de los que sacrifican

Soy sonrisa  y paz de los que han llorado.

 

Soy llano y profundo como la mar serena

Soy ingobernable como el océano bravo.

No existe realidad que mi mente no imagine

Y no existe ahora que no haya imaginado.

 

No hay silencio q mi letra no rompa

ni tristeza q mi palabra no desahogue

ni quietud q mi verbo no interrumpa

ni sueño q mis dedos no toquen.

 

Chocolate Negro 01-11-2011

VEN-IR

Besos naranja mar y cielo,

Justo antes de dormir el día,

Me ponen los labios ya viejos,

De tanto besar la lejanía.

 

La ola cómplice de la mañana,

Viene furiosa llena de reproches y tristezas,

Al verme tan desolada, se torna mansa

Llevándose mis preguntas y regresando sin respuestas.

 

 Voy y vengo con los peñeros

Que se dibujan negros al atardecer,

Y la llegada de cada nuevo extranjero

Me parece tu regreso también.

 

 Voy a tus brazos y vengo a los míos

Voy a tu rostro y no vuelvo.

Y con el ímpetu de quien todo a perdido

Voy hacia el mar y, a veces, me detengo.

 

Ya ni los alcatraces vuelan

En el cielo sediento.

Mientras las ratas van y vienen todo el tiempo

En las pupilas espumosas de la marea ciega.

 

 Voy a verte y vengo amarte

Voy y vengo Jenaro, cada vez

Voy y vengo sin encontrarte

Voy y vengo, por si regresas después.

 

 

 

Félix Mora 07/09/2010

SABANA CREPÉ

SABANA CREPÉ

En el calor sofocante del medio día he visto a las reses inquietas sacudir sus mochos cuernos, tendidas en el suelo, extraviadas y con la mirada perdida.

Las paraulatas que duermen usualmente en sus lomos, han preferido guardar distancia y permanecen tranquilas en una hilera sobre el tronco del bebedero.

La ventisca pasa tímida sobre los crisantemos, el suelo sediento permanece inmóvil y pájaro alguno ha elevado su canto de protesta.

Una fina línea azul se dibuja en la sabana, una línea en movimiento que tritura el horizonte en cada paso. Una línea silente que te trae entre los brazos como durmiendo, tomando un descanso sin permiso ante el futuro. Un sueño tambaleante te ha poseído y no sé qué hacer frente a los amigos campesinos que se acercan contigo.

Tomo lado y lado la enagua. Me acerco hasta tu cómplice cimarronero y te abrazo, te abrazo en el más profundo y eterno de mis silencios.

 

Dame casa en tu boca

Cuando el sol no te mire.

Dame cobijo en tus labios

Cuando no te toque la miel.

 

Déjame dormida tus párpados, mozo mío,

Que si despierto y el llano pide mis pasos,

Correré con toda mi fuerzas sobre tus brazos,

Y al caer la noche haré hogar sobre tu piel.

 

Hay rastros de tu esencia por todas partes,

Hay rastros de mi, en ti también.

Te abracé entonces todo el ocaso

Y te abrazo y te abrazo, y te abrazo.

 

Félix 21-10-2010